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19/05/2016 Por: Agencia Prensa Rural/Oscar Mesa Martinez/

Con un llamado a “la unidad popular en defensa del territorio” y bajo la consigna “si no nos unimos en la lucha, nos matarán por separado”, entre el 13 y el 15 de mayo de 2016 se desarrolló en la vereda Río Mina (municipio Buenos Aires, Cauca), región del Naya, el “Tercer Seminario por la paz, la minería, el medio ambiente y el territorio”, en el cual se reunieron más de 1.500 personas y cerca de 200 organizaciones comunitarias, indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinos, con el objetivo de “dar a conocer las problemáticas socioeconómicas” que padecen las comunidades de esta región, además de discutir y construir propuestas y soluciones desde sus propias visiones.

Algunas de las problemáticas identificadas por la comunidad fueron [1]:

1. La violencia en el marco del conflicto político, social y armado, particularmente del terrorismo de Estado a través de acciones paramilitares como la masacre de Naya ocurrida el 11 de abril de 2001, cuando miembros del bloque Calima asesinaron y desaparecieron a un número hoy todavía indeterminado de campesinos en esa región.

2. El abandono histórico de esta región por parte del Estado, reflejado en la falta de inversión y garantías para vivir dignamente y en el incumplimiento de derechos de los DESC.

3. Los intereses del gran capital nacional y trasnacional que busca la extracción de recursos naturales y la explotación minera a gran escala.

4. Militarización del territorio y vulneración de los derechos de las comunidades, que ha desencadenado desplazamientos forzados por amenazas y persecución contra líderes sociales.

5. La ausencia de oportunidades para la producción agropecuaria que ha obligado a los campesinos a la siembra de coca como única forma de sustento para sus familias y la erradicación de cultivos sin programas concertados y garantías de sustitución real para la comunidad.

Además de las problemáticas, las comunidades construyeron propuestas:

1. El apoyo al proceso de paz con las Farc-EP y demás diálogos con las insurgencias, señalando sin embargo que “la paz no es solamente la dejación de armas” sino que ésta “se construye cuando una comunidad tiene vida digna”. Se exige que “la pedagogía y debate en torno a la paz se extienda a todas las comunidades por parte de quienes están en la Mesa de conversaciones en La Habana”.

2. La unidad entre las comunidades afros, indígenas y campesinas, entendiendo “que la unidad se construye desde el respeto a la diferencia”, la tolerancia y el fortalecimiento de los tejidos sociales

3. Exigencia ante el Estado del reconocimiento sobre las violaciones de los derechos humanos y reparación del territorio.

4. Exigencia para que el Estado realice inversión social en educación, salud y vivienda digna, titulación de predios, reconocimiento de derechos fundamentales y sobre el territorio, oportunidades para la pequeña y mediana empresa (economías auto-sostenibles), equidad en la repartición de las riquezas de la nación.

5. Apropiación por parte de mujeres de los diferentes espacios de participación y en pedagogías permanentes de paz, además del reconocimiento de la mujer en las diferentes dinámicas sociales, sus derechos como sujeto transformador de las realidades históricas.

6. Avances en la construcción de una figura territorial para la región del Naya, de carácter pluriétnica y multicultural, que permita la inclusión de las diferentes visiones que se encuentran inmersas en el territorio.

7. La necesidad de realizar una consulta previa, libre, concertada e informada frente al tema de la sustitución gradual de cultivos de uso ilícito con las comunidades, siempre y cuando se garantice el apoyo técnico, intelectual y comercial en cuanto a precios del mercado y canales de comercialización para otro tipo de cultivos.

8. Suspensión de forma inmediata de la erradicación forzada manual y de fumigación de cultivos de coca, priorizando los acuerdos que se adelantan en La Habana en cuanto al punto cuatro del acuerdo general para la terminación del conflicto.

9. Fortalecimiento de formas organizativas comunitarias que permitan interlocutar con el Gobierno Nacional sobre los posibles mecanismos de sustitución en el territorio.

Finalmente en este evento participaron, como invitados, una comisión de la Delegación de Paz de las Farc perteneciente al Bloque Alfonso Cano, quienes saludaron el evento y realizaron una intervención en la que expusieron y socializaron los avances en los puntos en los que se ha llegado a acuerdos en la Mesa de Negociación de Paz de La Habana, en Cuba.

        
Declaración política del Tercer Seminario por la paz, la minería, el medio ambiente y el territorio

Vereda Río Mina, municipio Buenos Aires, Cauca

15 de mayo de 2016


Las comunidades participantes del seminario realizado entre el 13 y 15 de mayo, en la región del Naya, nos reunimos con el objetivo de dar a conocer las problemáticas socioeconómicas en las cuales nos encontramos. Problemática que nos viene afectando por más de 60 años en la parte alta y más de 200 años en la parte baja. Con el objetivo también de visibilizar las incursiones paramilitares y de la Fuerza Pública que han violentado nuestra comunidad y para trabajar en iniciativas de paz desde el territorio.

La región del Naya históricamente ha sido golpeada por el conflicto político, social y armado que ha dejado innumerables víctimas, además ha sido un territorio abandonado por el Estado en lo que respecta a inversión social y garantías para vivir dignamente. Por tal razón las comunidades se han visto en la obligación de adquirir formas de organización como herramienta para la defensa de nuestro ecosistema y fuentes de vida, exigir sus derechos y el respeto a la vida, la cual se ha visto amenazada por los intereses del gran capital nacional y trasnacional que busca la extracción de los recursos naturales y la explotación minera a gran escala y para lograr sus intereses militariza el territorio y financia estructuras paramilitares.

Como consecuencia de la resistencia popular y social organizada, múltiples hechos han enlutado nuestra región como el ocurrido el 11 de abril de 2001, por la incursión paramilitar del bloque Calima, quienes a su paso desde Timba, Cauca, en todo su recorrido hasta la parte baja de río Naya en el Valle, sembraron el terror y masacraron a miembros de esta población. Las victimas que dejó esta incursión paramilitar hasta el momento no han sido reconocidas como un crimen de Estado, ni reparadas de manera integral, ésta sigue siendo una exigencia inconclusa.

Pese a la guerra que nos ha tocado vivir, nos declaramos como territorio constructor de paz con un enfoque pluriétnico y multicultural, apoyamos los procesos de paz entre el Gobierno Nacional y las insurgencias y declaramos que trabajaremos por alcanzar la paz con justicia social, que pasa por concertar con las comunidades una propuesta de sustitución gradual de cultivos de uso ilícitos, inversión social, participación política y respeto a los derechos humanos.


Hacemos el llamado a la unidad popular en defensa del territorio, porque ¡Si no nos unimos en la lucha, nos mataran por separado!

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